Querida Marina del Corral

Querida Marina del Corral,

En primer lugar, mis disculpas por esta respuesta tardía a sus afirmaciones sobre el éxodo juvenil español. El motivo de mi retraso no es otro que evitar caer en la vulgaridad debido al enfado que me provocaron sus palabras.

Justamente ayer se cumplieron tres meses desde que salí de España rumbo a Alemania. Tres meses desde que me fui con lágrimas en los ojos, dejando atrás mi vida, mi familia y mis amigos, durante los próximos tres largos años, para evitar caer en el saco de la generación perdida.

Cuando alguien se va por gusto, suele partir con una sonrisa, ¿no es cierto?. Mi marcha, como la de muchos otros, no estuvo repleta de jolgorio y alegría como usted piensa. Más bien, estuvo impregnada de un sabor agridulce, por la fortuna de poder dedicarme a lo que siempre había deseado, pero empañada por la tristeza de no poder hacerlo en mi país.

Por tanto debo decirle, y siento defraudarla, que el espíritu aventurero no fue el motor de mi marcha, fueron ustedes. Políticos, banqueros y demás promotores de la crisis que apalea a jóvenes, no tan jóvenes y abuelos, fueron el motivo de mi exilio, y el de muchos otros.

He de confesarle que a mi me apetecía estar cerca de los míos. Ya había tenido una etapa aventurera y ahora quería estabilidad. Sin embargo, mi país no podía ofrecérmela, y, por ello, querida Marina, estoy a nada más y nada menos que 3.648 km de mi familia.

No sabe lo afiladas que pueden llegar a ser sus palabras cuando uno se ha ido porque era la mejor (o la única) alternativa. Es más, no se imagina lo que duele que a uno le digan que se ha ido por gusto cuando todos los días se pregunta ¿podré volver algún día, dedicarme a lo que me gusta, y vivir con dignidad en mi propio país?.

Señora secretaria general de Inmigración y Emigración, la crisis que ustedes han provocado me ha condenado a estar lejos de mi familia, a llevar una relación a distancia, y a no estar presente el día que nazca mi sobrino el próximo mes de Enero. No le pido halagos, ni compasión, pues a pesar de ello estoy bien y me puedo dedicar a lo que me gusta, tan solo le ruego que muestre un poco de vergüenza y respeto por una juventud que, a pesar de todas las barreras que ustedes levantan, lucha por su futuro y el de las generaciones venideras.

Si no fuera por todos los que nos vamos pensando en volver algún día, y no para vivir aventuras señora del Corral, España tendría un futuro muy (o más) negro.

Espero que le haya quedado claro que no somos jóvenes caprichosos con ganas de nuevas experiencias, sino personas que no van a permitir que ustedes les arruinen el futuro, aunque tengamos que pagar el alto precio de irnos sin billete de vuelta, al menos por el momento.

Un cordial saludo.

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